La forma de trabajar ha cambiado y las oficinas también están teniendo que hacerlo. La consolidación de los modelos híbridos, que combinan presencialidad y trabajo a distancia, ha llevado a muchas empresas a revisar qué necesitan de sus espacios y qué valor aportan a sus empleados. Contar con puestos de trabajo y salas de reuniones ya no es suficiente. La ubicación, las conexiones de transporte, la calidad de las instalaciones y los servicios disponibles influyen cada vez más en las decisiones inmobiliarias de las compañías.
Esta transformación centró parte del debate del Coworking Summit 2026, celebrado el pasado 15 de octubre en Madrid y organizado por la Asociación Española de Coworking (ACW). El encuentro reunió a representantes del sector para analizar cómo deben evolucionar las oficinas ante las nuevas formas de organización empresarial.
“El trabajo híbrido ya no es una transición, es nuestra nueva realidad”, afirmó Anna Gener, CEO de Savills, durante su intervención. La directiva destacó la importancia de que los espacios de trabajo contribuyan a atraer y retener talento, faciliten la colaboración y favorezcan el bienestar de los empleados.
El cambio tiene consecuencias para las empresas, pero también para los propietarios de edificios y los operadores de oficinas flexibles. La demanda se orienta hacia espacios que puedan adaptarse a distintas necesidades, con servicios profesionales y una gestión capaz de ofrecer soluciones más allá del alquiler de metros cuadrados. Los centros de coworking y las oficinas flexibles forman parte de esta transformación. Aunque inicialmente se asociaban sobre todo a autónomos y pequeñas empresas, su oferta ha evolucionado hacia soluciones que también utilizan compañías de mayor tamaño.
Los datos de la Radiografía del Sector de Coworking y Oficinas Flexibles en España, elaborada por JLL y ACW, muestran el protagonismo creciente de las oficinas privadas. Esta modalidad representa el 54 % de la superficie de los grandes operadores y genera el 75 % de sus ingresos, según el estudio publicado en mayo. Al mismo tiempo, los puestos de trabajo compartidos sin asignación fija han perdido relevancia. La ocupación de esta modalidad ha descendido del 65 % al 50 % en dos años, una evolución que refleja el desplazamiento de parte de la demanda hacia soluciones con mayor privacidad y servicios específicos.
Para las empresas, las oficinas flexibles ofrecen la posibilidad de adaptar sus necesidades de espacio sin recurrir necesariamente a compromisos inmobiliarios rígidos. Sin embargo, la flexibilidad contractual ha dejado de ser el único factor que determina su elección.
Eduardo Salsamendi, presidente de ACW, defendió durante el Coworking Summit que los operadores deben encontrar nuevas formas de diferenciarse, precisamente porque el mercado tradicional de oficinas también ha incorporado soluciones más flexibles.
La evolución del sector apunta hacia una oferta en la que la gestión profesional, la atención al usuario y los servicios tendrán un peso creciente. En paralelo, los edificios de menor calidad o peor conectados afrontan el desafío de mejorar sus prestaciones para seguir siendo competitivos.
Las oficinas continúan siendo un elemento importante en la actividad empresarial, pero su función está cambiando. Su capacidad para facilitar el trabajo de los equipos y responder a las necesidades de las organizaciones será cada vez más relevante en las decisiones sobre dónde y cómo trabajar.